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Cuál es la edad ideal para emprender

Horacio Canestri

Paul Glimcher. En una entrevista exclusiva de la revista Pymes de Argentina, el neurocientífico, director del departamento de Neuroeconomía de la Universidad de Nueva York, revela la mejor edad para empezar un negocio.

 

Paul Glimcher es el padre de un nuevo campo interdisciplinario de la ciencia, la neuroeconomía, cuyo objetivo es construir una comprensión unificada sobre cómo los seres humanos tomamos decisiones. Doctor en Neurociencia por la Universidad de Pennsylvania, fundador y director del Centro para la Neuroeconomía de la Universidad de Nueva York, ya en 1997 fue el primero en preguntarse cuánto mejoraría dicho entendimiento si la neurobiología, la psicología y la economía trabajaran juntas.

Emprendedores Buenos Aires CMDDesde la publicación de “Decisiones, incertidumbre y el cerebro: la ciencia de la neuroeconomía”, en 2004, e incluso en papers previos, probó que es posible predecir la elección de un bien por parte de un consumidor, al medir su actividad cerebral con un escáner. También está en vías de demostrar que la riqueza no hace la felicidad, tras hallar un código coincidente con la noción humana de que “todo es relativo” en el seguimiento de la actividad de células nerviosas especiales de un grupo de monos.

También comprobó el papel central de la dopamina en los mecanismos de aprendizaje, al descubrir que pacientes con Parkinson pero medicados pueden asimilar conceptos más rápidamente que las personas normales. Y encontró que el hambre tiende a igualar las actitudes de las personas ante el riesgo, usualmente diversas, lo que en concreto se corrobora con el desplome de la volatilidad en los mercados de valores de los países con mayoría de musulmanes durante el Ramadán, cuando se practica el ayuno diario. Eso, por citar apenas un puñado de ejemplos.

La medición de la capacidad de asumir riesgos, quizá la clave más importante a la hora de emprender un nuevo negocio, justamente es uno de los comunes denominadores de su labor. Y una de sus últimas publicaciones, titulada “Like cognitive function, decision making across the life span shows profound age-related changes” (Al igual que la función cognitiva, la toma de decisiones a lo largo de la vida muestra profundos cambios relacionados con la edad) permite explorar hipótesis inquietantes. Para no continuar con el suspenso: la más relevante tal vez sea que la mejor edad para emprender es entre los 21 y 25 años. Pymes lo entrevistó en exclusiva al respecto.

Entrepreneur Ideas Emprendedor-¿Cuáles son las conclusiones de ese estudio?
-Sabemos que, a medida que envejecemos, cambia profundamente nuestra función cognitiva. Lo que nos preguntamos es si esas modificaciones también se muestran en la toma de decisiones. Por ejemplo, desde hace tiempo se está al tanto de que las personas mayores tienen más aversión al riesgo que los jóvenes. Sin embargo, nuestro hallazgo inesperado fue que los mayores de 65 años a menudo toman decisiones contradictorias. Es decir, son alrededor de tres o cuatro veces más propensos a perder dinero. Estos errores son comunes incluso en ancianos altamente educados y muy saludables. Parece que es una parte natural de envejecer.

-Pero incluso los adultos jóvenes obtienen mejores desempeños, a la hora de asumir riesgos, que los mayores de 30 años y que los adolescentes, ¿no es así?
-Como grupo, los adultos jóvenes tienen muy buenas actitudes de riesgo para hacer dinero en el largo plazo. A medida que envejecen, toman menos riesgos. Y los adolescentes directamente los evitan. De hecho, encontramos que son muy cautelosos cuando les informamos las probabilidades exactas de ganar o perder en un experimento. Pero se muestran muy dispuestos a comportarse de manera arriesgada cuando no les comunicamos esas probabilidades con claridad. En otras palabras, en lugar de ser amantes del riesgo, como la mayoría de la gente piensa, los adolescentes sólo se comportan de esa manera en condiciones de ambigüedad.

-Entonces, ¿es posible deducir que la mejor edad para asumir riesgos y lanzar un negocio es entre los 21 y los 25 años?
-Efectivamente. Tiene sentido que sea una buena edad para emprender.

-¿Podría describir los métodos que usó para llegar a esas conclusiones?
-Son experimentos típicos de comportamiento humano. Les pedimos a personas que elijan billetes de lotería que ofrecen la oportunidad de ganar dinero. Lo que varía es el premio, la probabilidad de que ganen y cuánto les revelamos sobre esa probabilidad. Lo hacemos sistemáticamente y nuestro objetivo es utilizar sus respuestas para entender mejor lo que guía sus decisiones.

Emprendedores-¿Pero cuáles son las razones de la diferencia de habilidades para tomar riesgos y los resultados que obtienen las personas de diversas edades?
-Honestamente, todavía no sé la respuesta a esa pregunta. Mis colegas y yo estamos llevando a cabo un amplio estudio, financiado por los National Institutes of Health (de los Estados Unidos), para contestarla. Pregúntemelo de nuevo en 18 meses.

-De acuerdo. Según esa y otras de sus investigaciones sobre neuroanatomía, ¿es posible concluir que la conducta humana está determinada biológicamente?
-Nos dimos cuenta de que la actitud de las personas ante el riesgo está estrechamente vinculada al grosor de una parte específica de sus cerebros. Pero esto no significa que nuestras actitudes de riesgo se determinen en el nacimiento. Nuestros cerebros cambian todo el tiempo en respuesta a las experiencias, así que son, en cierto sentido, una mezcla de genética y medio ambiente. De hecho, que nuestras actitudes de riesgo cambien con la edad refleja esas modificaciones en el cerebro, ya sea nuestra creciente experiencia, características inevitables del proceso de envejecimiento, o ambas.

 – Entonces, no cree que sea posible alguna vez identificar al próximo Steve Jobs o Bill Gates desde su infancia, ¿no es así?

-Creo que la respuesta por ahora es no. Una cosa que aprendemos una y otra vez en neurociencias es que nuestros cerebros cambian todo el tiempo y que las cosas que hacemos con nuestras vidas dan forma a esas modificaciones. En los próximos diez años, espero que seamos capaces de explicar cómo entrenar cada uno de nuestros cerebros para convertirnos en un Steve Jobs o un Bill Gates. Una vez que sepamos qué tipo de cerebro hace a uno de ellos, el reto será entender cómo modificar los nuestros en esa dirección, si eso es lo que queremos.




FUENTE: Hernán Murúa para IECO – Clarin.com / Adaptado para Renderas Business ©

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